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Era un radiante día de verano y el campamento de la Felicidad estaba lleno de niños y niñas preparados para disfrutar de las vacaciones. Les esperaban muchas actividades emocionantes: juegos, excursiones, talleres de manualidades y, sobre todo, nuevas amistades.
Entre los niños estaban Anna, una niña muy creativa y aventurera, y Marc, que usaba una silla de ruedas y siempre tenía una enorme sonrisa. Anna nunca había conocido a alguien que usara silla de ruedas y estaba un poco nerviosa, pero tenía muchas ganas de hacer amigos.
El primer día comenzaron con un juego de pelota. Marc sorprendió a todos con su habilidad para lanzar y atrapar el balón. Anna se acercó a hablar con él, llena de curiosidad.
—¡Hola, Marc! Soy Anna. Me gustaría mucho jugar contigo —dijo, sonriendo.
—¡Hola, Anna! ¡Me encantaría que jugáramos juntos! —respondió Marc, entusiasmado.
Empezaron a jugar y enseguida formaron un equipo imparable. Marc tenía una destreza increíble y Anna descubrió lo bien que se complementaban. Aquel fue el comienzo de una gran amistad.
Durante los días siguientes hicieron muchas actividades juntos. En los talleres de manualidades, Marc enseñó a Anna a hacer aviones de papel que volaban altísimo. En las excursiones, Anna le echaba una mano cuando el camino se complicaba, y Marc siempre encontraba una solución creativa para seguir adelante.
Los demás niños vieron lo bien que se lo pasaban y quisieron unirse. Joan, que contaba historias estupendas, inventó una aventura en la que todos eran héroes. Carla, que corría muy deprisa, ayudó a organizar una carrera en la que todos podían participar, incluido Marc con su silla de ruedas.
Al terminar el campamento celebraron una gran fiesta para recordar todas sus aventuras. Marc y Anna dieron las gracias a sus amigos por compartir aquellos momentos tan especiales.
Anna aprendió que hacer amigos con capacidades y experiencias diferentes enriquecía sus juegos y hacía que cada momento fuera aún más especial. Todos comprendieron que las diferencias nos hacen únicos y que jugar, hablar y compartir con los demás llena la vida de alegría.
Así, el verano en el campamento de la Felicidad fue todo un éxito, con nuevos amigos, aventuras inolvidables y una importante lección sobre la amistad y la inclusión.


