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Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando el rey Jaime I conquistó Valencia, hubo una gran alegría. La reina y algunas damas importantes de Barcelona quisieron sorprender a sus maridos y padres, que estaban con el rey. Organizaron una gran cabalgata y partieron hacia Valencia sin anunciar su viaje.
Tras cabalgar mucho, aparecieron unos guerreros que intentaron hacerlas prisioneras. ¡Qué susto! Por fortuna, el valiente caballero de Merola había visto lo que ocurría. Seguía la cabalgata acompañado por un grupo de hombres fuertes y decididos.
El caballero y sus hombres lucharon para salvar a la reina y a las demás mujeres. El combate fue duro, pero consiguieron hacer retroceder a los atacantes y ponerlas a salvo.
Al enterarse, el rey Jaime I se alegró de que la reina estuviera a salvo. Llamó al caballero y le dijo:
—¡Has hecho algo muy valiente! Estoy tan agradecido que te concederé lo que me pidas.
El caballero era modesto y no sabía qué pedir. El rey insistió:
—¡Pide lo que quieras!
Finalmente pidió una de las cinco barras que, según esta leyenda, tenía entonces el escudo de Cataluña.
Al rey le pareció una gran petición, pero había dado su palabra. Cumplió su promesa y le concedió la barra. Así explica el relato que el escudo de Cataluña pasara a tener cuatro barras y que el caballero de Merola luciera una barra roja en el suyo, en recuerdo de su valentía.
La reina y las damas regresaron sanas y salvas, y la historia del caballero se contó por todas partes. Esta es una explicación legendaria de los escudos, transmitida como cuento, no una crónica histórica.


