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En un pequeño pueblo rodeado de montañas verdes y campos llenos de flores vivía un conejo muy curioso llamado Pepet. Siempre quería descubrir cosas nuevas y vivir aventuras emocionantes.
Un día, mientras daba saltos por el bosque, oyó un ruido extraño, acompañado de humo y destellos de colores, que nunca había escuchado.
—¿Qué será ese ruido? —se preguntó Pepet, con los ojos muy abiertos.
Siguió el sonido hasta llegar a un claro donde vio al águila María. Estaba preparando una gran hoguera y, alrededor, había un montón de petardos de colores brillantes.
—¡Hola, María! ¿Qué es todo esto? —preguntó Pepet, cada vez más fascinado.
—¡Hola, Pepet! —sonrió el águila—. Es la fiesta de San Juan, una noche mágica en la que celebramos la llegada del verano. Encendemos hogueras y lanzamos petardos para ahuyentar a los malos espíritus y llenar la noche de luz y alegría.
Pepet sintió una calidez en el corazón. Nunca había oído hablar de una fiesta tan bonita.
—¿Y por qué quemamos cosas en el fuego? —quiso saber.
—Las hogueras sirven para dejar atrás lo viejo y empezar de nuevo con esperanza e ilusión —le explicó María—. ¡Es como un gran renacer de la naturaleza y de nosotros mismos!
Pepet decidió ayudar a preparar la fiesta. Fue corriendo a buscar a sus amigos: la zorra Fina, el búho Oriol y el erizo Lluís. Juntos fueron al claro para organizarlo todo.
La noche de San Juan, el cielo era un mar de estrellas y el aire olía a flores y a tierra mojada. Los animales del bosque se reunieron alrededor de la hoguera, iluminados por su luz temblorosa.
Cuando comenzaron los fuegos artificiales, el cielo se llenó de colores y chispas que bailaban como hadas en la oscuridad.
—¡Guau! —exclamó Pepet—. ¡Esto es mágico!
María se rio, feliz:
—Así es, Pepet. La noche de San Juan es una noche para soñar, para celebrar la vida, la amistad y la magia que llevamos dentro.
Aquella noche, Pepet y sus amigos vivieron momentos que nunca olvidarían, rodeados de luz, colores y risas. Desde entonces, cada año esperan la fiesta de San Juan con el corazón lleno de ilusión y esperanza.
Y así termina la historia del conejo Pepet y la fiesta mágica de San Juan.


