Llovía en el jardín.
Plim, plam, plum.
El caracol cogió una gota y se la guardó bajo una hoja.
—Para después —dijo.
Caminó poco a poco.
Pasó por delante de un charco.
—No voy a gastar mi gota.
Pasó por debajo de una regadera.
—Aún no.
Cuando el sol salió, el caracol encontró una semilla con una raicilla seca.
—Tengo sed —dijo la semilla.
El caracol miró su gota. Era redonda y fresca. La había guardado toda la mañana.
La dejó caer sobre la tierra.
¡Chof!
Al día siguiente, en el lugar de la semilla había dos hojas nuevas.
Cuando volvió a llover, una de las hojas se inclinó sobre el caracol.
Plim, plam, plum.
Ahora ambos tenían un bolsillo para la lluvia.


