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La ratita presumida

Ilustración del cuento La ratita presumida

El cuento de La ratita presumida

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Había una vez, en un pequeño pueblo lleno de flores y árboles altos, una ratita muy simpática que vivía en una casa con una bonita escalerita. Era muy trabajadora y barría los escalones todos los días, porque le gustaba tenerlos limpios y relucientes.

Una mañana, mientras barría, encontró una moneda dorada que brillaba al sol.

—¡Oh! ¡Qué suerte he tenido! —exclamó, muy contenta.

Pensó y pensó qué hacer con la moneda. Al cabo de un rato decidió ir al mercado del pueblo a comprarse un bonito lazo para la cola.

En el mercado vio lazos de muchos colores: rojos, azules, amarillos y verdes. Pero el que más le gustó era rosa con pequeños lunares blancos.

—¡Este lazo es perfecto! —dijo entusiasmada.

Lo compró y se lo puso en la cola, muy orgullosa. ¡Se sentía la ratita más guapa del mundo! Al volver a casa, todos los animales del pueblo quedaron encantados con su nuevo lazo.

El señor gallo le dijo con su voz potente:

—Ratita, ratita, ¡qué guapa estás! ¿Quieres casarte conmigo?

La ratita preguntó:

—¿Qué harás por las noches?

El gallo respondió:

—¡Cantaré: “Quiquiriquí”!

—¡Oh, no! —dijo la ratita—. ¡Eso me despertaría!

Siguió su camino. Después llegó el señor perro, que le dijo con voz grave:

—Ratita, ratita, ¡qué bonita estás! ¿Quieres casarte conmigo?

La ratita preguntó:

—¿Qué harás por las noches?

El perro respondió:

—¡Ladraré: “Guau, guau, guau”!

—¡Oh, no! —dijo la ratita—. ¡Eso me daría miedo!

Continuó caminando. Más tarde se acercó el señor gato con una sonrisa pícara:

—Ratita, ratita, ¡qué bonita estás! ¿Quieres casarte conmigo?

La ratita preguntó:

—¿Qué harás por las noches?

El gato respondió suavemente:

—Ronronearé dulcemente: “Miau, miau”.

A la ratita le pareció que sería un buen compañero y aceptó casarse con él. Prepararon una gran fiesta en el pueblo para celebrarlo.

Pero aquella noche, mientras la ratita preparaba una rica cena en la cocina, el gato empezó a pensar en cómo quedarse con toda la comida.

Intentó atrapar a la ratita, pero ella fue muy lista y escapó corriendo. Salió de casa y pidió ayuda a sus amigos.

El perro, el gallo y los demás animales acudieron enseguida y consiguieron echar al gato tramposo.

La ratita aprendió a tener cuidado con los halagos y a confiar en los amigos de verdad.

Desde entonces vivió feliz en su pueblo, rodeada de amigos y cuidando los escalones de su casa, que brillaban tanto como su buen corazón.

FIN

Categorías: Audiocuentos · Cuentos clásicos · Cuentos cortos · Cuentos de animales · Cuentos para niños de 4 y 5 años
Temáticas: Cuentos de ratones · Cuentos sobre la autoestima · Cuentos sobre la confianza

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