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Había una vez, en una selva muy lejana, un mono llamado Mico. Vivía con su madre y sus hermanos en un precioso claro rodeado de árboles altos y flores de todos los colores. Mico era curioso y valiente, y siempre estaba explorando lugares nuevos y haciendo amigos.
Un día, mientras jugaba cerca del río, encontró a un viejo mercader que vendía semillas mágicas. El mercader le explicó que aquellas semillas podían crecer hasta el cielo y llevarlo a un lugar lleno de tesoros. Entusiasmado, Mico cambió un poco de fruta por una semilla y corrió a casa para plantarla.
Al principio, su madre estaba preocupada porque pensaba que perdía el tiempo con historias fantásticas. Pero Mico estaba decidido a demostrarle que no era así. Plantaron juntos la semilla y, a la mañana siguiente, una enorme planta de judías había crecido hasta el cielo.
Mico decidió explorar la planta. Su madre estaba preocupada, pero vio la determinación en sus ojos y lo despidió con un abrazo. Mico trepó y trepó hasta llegar a un país entre las nubes.
Allí encontró un enorme castillo en el que vivía un gigante. Aunque sentía algo de miedo, decidió ser valiente y explorarlo. Vio muchas maravillas, pero lo que más le llamó la atención fue una jaula con un pequeño ratón encerrado. A pesar del miedo que le daban los ratones, sintió compasión por aquel animalito.
Mico abrió la jaula y lo liberó. El ratón, muy agradecido, se presentó como Rati. Le explicó que el gigante lo había capturado y lo utilizaba para asustar a otros animales. Mico sintió mucha pena y decidió ayudarlo a escapar.
Los dos nuevos amigos corrieron hacia la planta de judías, pero el gigante los descubrió. Mico, demostrando una gran valentía, decidió distraerlo. Con su enorme agilidad saltó sobre el gigante, confundiéndolo y dando tiempo a Rati para huir primero.
Por fin llegaron a la planta y bajaron rápidamente. Una vez en el suelo, Mico contó a su madre y a sus hermanos todo lo ocurrido. Su madre, orgullosa de la valentía y la amistad que había demostrado su hijo, lo abrazó con fuerza.
Desde aquel día, Mico y Rati fueron los mejores amigos. Mico aprendió que ser valiente también significa ayudar a los demás y querer a la familia. Así, su vida en la selva fue más feliz que nunca, con su familia y su nuevo amigo a su lado.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


