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El partido que lo cambió todo

El partit que ho va canviar tot - conte de futbol

El cuento de El partido que lo cambió todo

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Abril tenía nueve años y había algo que le encantaba por encima de casi todo: jugar al fútbol.

Cada martes y jueves iba a los entrenamientos con una gran sonrisa. Le gustaba dar pases, aprender regates nuevos, chutar a portería y reír con sus compañeras. Cuando entrenaba, se sentía libre y feliz.

Pero había algo que no le gustaba nada.

Los partidos del fin de semana.

Cada viernes, cuando el entrenador decía la convocatoria, Abril siempre buscaba una excusa.

—Este fin de semana no puedo…

—Tengo un cumpleaños…

—Me duele un poco la pierna…

La verdad era otra.

Tenía miedo.

Miedo a que las otras niñas jugaran mejor que ella.

Miedo a equivocarse.

Miedo a fallar un gol.

Miedo a que todo el mundo la mirara.

Y, sobre todo, miedo a no ser la mejor.

Hacía tiempo que el entrenador se había dado cuenta. Un día, después del entrenamiento, le preguntó con mucha calma:

—Abril, ¿te lo pasas bien entrenando?

—¡Sí! ¡Me encanta! —respondió sin pensárselo.

—Y si te lo pasas tan bien entrenando… ¿por qué no quieres jugar los partidos?

Abril bajó la cabeza.

—Porque tengo miedo a hacerlo mal.

El entrenador sonrió.

—¿Sabes algo? Los mejores jugadores y jugadoras del mundo también se equivocan. Fallan pases, disparos y partidos. Lo que les hace especiales no es no equivocarse nunca. Es que siguen jugando.

Esa tarde, sus padres también hablaron con ella.

—Abril —le dijo la madre—, nosotros no venimos a ver si marcas tres goles.

—Ni a contar los errores —añadió el padre—. Venimos porque nos encanta verte disfrutar de lo que más te gusta.

Aquellas palabras le quedaron dando vueltas en la cabeza.

Finalmente, ese sábado decidió ser valiente.

Se puso las botas, respiró profundamente y salió al campo.

Al principio estaba muy nerviosa. Las piernas le temblaban un poco.

Falló un pase.

Luego otro.

Por un momento pensó que había sido un error ir.

Pero una compañera le dijo:

—¡No pasa nada! ¡Seguimos!

Entonces Abril volvió a pedir el balón.

Dio un buen pase.

Recuperó un balón.

Ayudó a una compañera a marcar un gol.

Y, sin darse cuenta, empezó a reír.

Corría, celebraba, animaba al equipo… y ya no pensaba si era la mejor o si alguien le estaba mirando.

Sólo pensaba en jugar.

Cuando el partido acabó, corrió hacia sus padres con las mejillas rojas y una enorme sonrisa.

—¡Ha sido superdivertido!

El entrenador le guiñó un ojo.

—¿Lo ves? Lo importante no era ganar ni ser la mejor.

Abril asintió.

Ese día descubrió algo que recordaría siempre.

Que el miedo se hace más pequeño cuando te atreves a probar.

Que equivocarse forma parte de aprender.

Y que el mejor trofeo de todos es terminar un partido con una gran sonrisa y el corazón lleno de alegría.

Desde ese día, Abril continuó entrenando como siempre.

Había partidos en los que jugaba muy bien.

Otros, no tanto.

Pero ya no se quedaba en casa.

Porque había descubierto que lo importante no era ser la mejor.

Lo más valioso era disfrutar haciendo lo que tanto amaba: jugar al fútbol con su equipo.

FIN

Categorías: Cuentos educativos · Cuentos para niños de 8 y 9 años · Cuentos para trabajar las emociones · Cuentos personalizados
Temáticas: Cuentos de superación · Cuentos para afrontar el miedo · Cuentos sobre el aprendizaje · Cuentos sobre el esfuerzo · Cuentos sobre el respeto · Cuentos sobre el trabajo en equipo · Cuentos sobre la autoestima · Cuentos sobre la confianza · Cuentos sobre la familia · Cuentos sobre la valentía · Cuentos sobre las emociones

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