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Una noche en Vallserena

Ilustración del cuento Una noche en Vallserena

El cuento de Una noche en Vallserena

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En Vallserena, un pequeño pueblo escondido entre las cumbres del Pirineo catalán, las noches eran especialmente tranquilas. Las estrellas llenaban el cielo como lucecitas parpadeantes y el aire fresco traía el olor de los pinos y de los ríos que bajaban serenos.

Allí vivía Laia, una niña curiosa que se quedaba embelesada mirando las montañas. Desde la pequeña ventana de su habitación veía cada noche cómo la luna aparecía entre las cumbres e iluminaba el pueblo.

Una tarde, mientras se preparaba para dormir, oyó un sonido suave en el exterior. Parecía el murmullo del viento, pero era distinto, más musical. Se acercó a la ventana y vio algo increíble: un diminuto duende volaba frente a ella, brillando como una pequeña estrella.

—¡Laia, ven conmigo! —dijo con una voz tan suave como un suspiro del viento.

Todavía en pijama, Laia salió al jardín, llena de curiosidad. Bajo la luna, el duende explicó que aquella era una noche especial. Cada cien años, los duendes de las montañas salían a repartir polvo mágico por el bosque. Solo los niños que creían en la magia podían verlo.

—¿Quieres acompañarme a descubrir la magia de esta noche? —preguntó.

Laia no lo dudó. Con un leve movimiento de las alas del duende, comenzaron a volar entre los árboles. Desde arriba vio a los demás duendes bailando alrededor de los troncos y dejando un rastro dorado que iluminaba los caminos. Los animales, desde las ardillas hasta los ciervos, dormían plácidamente bajo aquella luz mágica.

Llegaron a un pequeño lago en lo alto de la montaña. La luna se reflejaba en él como en un gran espejo. Los duendes se reunieron en la orilla y cantaron una melodía tan dulce que los ojos de Laia empezaron a cerrarse.

—Es hora de volver a casa —dijo su compañero, sonriendo—. Este recuerdo te acompañará cada noche. Cuando mires la luna, sabrás que estamos aquí, cuidando el bosque y trayendo dulces sueños.

Con una brisa suave, el duende la acompañó de vuelta a su habitación. Al dormirse, Laia todavía escuchaba la música entre los árboles.

Así cayó en un sueño profundo, con una sonrisa en los labios y la certeza de que la magia del bosque siempre estaría con ella.

FIN

Categorías: Cuentos cortos · Cuentos de magia y fantasía · Cuentos para dormir · Cuentos para niños de 6 y 7 años
Temáticas: Cuentos de duendes · Cuentos de magia · Cuentos de naturaleza

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