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Era la noche más mágica del año. Adrià, de ocho años, se había acostado emocionado y un poco nervioso. Dos días antes se le había caído su primer diente y lo había guardado bajo la almohada, esperando al ratoncito Pérez. Pero aquella noche también llegaban los Reyes Magos. En el salón había dejado turrones, galletas, un vaso de leche y agua para los camellos.
Cuando la casa quedó en silencio, los protagonistas de la noche comenzaron a aparecer.
El ratoncito Pérez entró por la ventana del dormitorio sin hacer ruido, con su reluciente saquito dorado. Trepó por el mueble y buscó bajo la almohada hasta encontrar el diente, blanco y pequeño como una perla. Estaba a punto de dejar una moneda cuando oyó pasos en el pasillo.
Melchor, Gaspar y Baltasar habían llegado discretamente. Los camellos descansaban en el jardín, junto al agua y la hierba preparada para ellos. Melchor llevaba una caja de lápices de colores; Gaspar, un libro de aventuras; y Baltasar, un juego de construcción que Adrià deseaba desde hacía tiempo. Al acercarse al dormitorio vieron una sombrita que se movía.
— ¿Quién anda ahí? —preguntó Gaspar con voz grave y amable.
El ratoncito se volvió, sobresaltado.
— Soy yo, el ratoncito Pérez. Estoy recogiendo el diente de Adrià. ¿Y vosotros?
Melchor dio un paso adelante, sonriendo.
— Somos los Reyes Magos. Venimos a traer sus regalos. Parece que esta noche es muy especial para él.
Pérez señaló la almohada.
— ¡Qué coincidencia! Pero ¿cómo lo haremos? ¡No queremos despertarlo y estropear la sorpresa!
Los Reyes y el ratoncito se sentaron junto a la ventana para preparar un plan. Trabajarían juntos, sin hacer ruido, para regalarle una noche mágica.
Baltasar levantó la almohada con mucha delicadeza mientras Pérez dejaba la moneda. Después, Gaspar y Melchor colocaron los regalos junto a los zapatos de Adrià. Se aseguraron de que todo estuviera perfecto.
— ¡Eso es trabajar en equipo! —susurró Pérez, sonriendo—. Ayudándonos podemos hacer cosas increíbles.
Los Reyes asintieron.
— Además de traer regalos, podemos recordar el valor de compartir, ayudar y querer a la familia.
Al despertar, Adrià encontró una moneda bajo la almohada y, junto a sus zapatos, los regalos que tanto deseaba. Corrió a contárselo a su familia, convencido de que la magia de aquellas fiestas era más fuerte que nunca.
No solo había recibido regalos. Al escuchar lo sucedido en esta historia, también descubrió que colaborar hace que las cosas salgan mejor. La casa volvió a llenarse de cariño y de esa magia que nace al compartir.
Dicen que, desde entonces, los Reyes Magos y el ratoncito Pérez se llaman cuando se acerca una noche especial. Porque juntos pueden hacer una magia todavía mayor.
Preguntas para conversar en familia
¿Por qué es una sorpresa que los Reyes y Pérez lleguen la misma noche? ¿Te ha pasado algo inesperado que te haya alegrado?
¿Cómo se sienten al encontrarse? ¿Qué podrías hacer para colaborar con alguien que acabas de conocer?
¿Por qué es importante que Baltasar levante la almohada con cuidado? ¿Qué pequeñas ayudas puedes ofrecer tú?
¿Qué habría pasado si cada uno hubiera intentado hacer su trabajo sin escuchar a los demás?
¿Qué nos enseña el cuento sobre colaborar y cuidar a las personas que queremos?


