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Llorenç vivía en un pequeño pueblo, donde las calles estaban llenas de niños jugando y yendo en bicicleta arriba y abajo. Hacía tiempo que él soñaba con tener una, pero su familia no podía comprarla.
Un buen día, su abuelo le dijo:
—Llorenç, si quieres una bicicleta, tendrás que ganártela. Trabajando poco a poco, podrás conseguirla.
Así que Llorenç se puso a hacer trabajillos por el pueblo: ayudaba a la vecina a llevar la compra, recogía hojas en el jardín de la escuela, e incluso lavaba los vasos en la cafetería del tío.
Cada vez que ganaba una moneda, la guardaba en una cajita. Sus amigos ya tenían bicicleta y corrían por los caminos, pero él no se rendía.
¡Un día, Llorenç contó sus ahorros y se dio cuenta de que casi tenía suficiente! Fue a la tienda de bicicletas y, con una gran sonrisa, dijo:
—¡Quiero comprar esa bicicleta roja!
El tendero, que conocía su esfuerzo, le hizo un pequeño descuento y… ¡por fin Llorenç tenía su bicicleta!
Aquella tarde, salió a pedalear con sus amigos y sintió el viento en la cara. Pero lo mejor de todo no era la bicicleta, sino saber que él mismo se la había ganado con esfuerzo y paciencia.
Desde ese día, cada vez que quería algo, Llorenç ya sabía qué hacer: trabajar con ganas y no rendirse nunca.


