Skip to content

El Tió que quería comer solo

El Tió que quería comer solo – cuento infantil

El cuento de El Tió que quería comer solo

Getting your Trinity Audio player ready...
0
(0)

Érase una vez, en un pueblo de los Pirineos, un Tió de Navidad que vivía en un bosque cubierto de nieve. Era un tronco muy especial: tenía la corteza brillante como madera recién pulida y una nariz roja que parecía una cereza.

Cada diciembre, los niños del pueblo iban al bosque a buscarlo. Lo cubrían con una manta y le daban de comer para que estuviera fuerte y contento en Navidad. Pero aquel año el Tió no quería que lo encontraran.

— ¿Por qué tengo que compartir mis castañas y mandarinas? —murmuraba, escondido bajo hojas secas—. ¡Este año me las comeré todas yo!

Y eso hizo. Comía a escondidas todo lo que encontraba: trocitos de pan que traían los pájaros, manzanas caídas y hasta un pedazo de barquillo que el viento había arrastrado desde el pueblo. Pero cuanto más comía solo, más triste se sentía.

Una noche, con el bosque iluminado por la luna, se acercó una pequeña ardilla, temblando de frío.

— Señor Tió, ¿me dejaría calentarme bajo su manta? —preguntó con voz suave.

El tronco, que tenía la barriga redonda de tanto comer, refunfuñó un poquito. Al final le hizo sitio. Aquella noche durmieron juntos bajo la manta, y el Tió sintió un calor distinto: no venía del fuego, sino del corazón.

Al día siguiente aparecieron otros animales: un búho, un conejo y un pequeño erizo. Todos tenían frío y hambre. Por primera vez, el Tió decidió compartir sus reservas. Prepararon un festín de frutos secos, trozos de manzana y barquillos partidos. Entre risas e historias, el tronco descubrió que la comida parecía saber mejor.

Aquella mañana llegaron los niños. El Tió ya no se escondía: sonreía feliz entre los animales. Lo recogieron, lo abrigaron con cuidado y lo llevaron a casa.

En Nochebuena, siguiendo la tradición, el Tió dejó bajo su manta más regalos que nunca: dulces, juguetes y hasta una mantita para cada niño.

Los vecinos decían que aquel año había sido especialmente mágico. El Tió conocía su secreto. La magia no estaba en los regalos, sino en lo que había aprendido en el bosque: compartir hace crecer la alegría, y la Navidad también consiste en ofrecer nuestro tiempo, nuestra compañía y nuestro cariño.

Desde entonces, cada Navidad guarda un rincón bajo su manta para quien necesite un poco de calor.

FIN

Categorías: Cuentos cortos · Cuentos de Navidad · Cuentos educativos · Cuentos para niños de 6 y 7 años · Cuentos para trabajar las emociones
Temáticas: Cuentos para aprender a compartir · Cuentos sobre el aprendizaje · Cuentos sobre la amistad · Cuentos sobre la bondad · Cuentos sobre la comunidad · Cuentos sobre la generosidad · Cuentos sobre las emociones · Cuentos sobre las tradiciones

¿Te ha gustado el cuento?

¡Haz clic en una estrella para valorarlo!

Puntuació: 0. Vots: 0

Todavía no hay votos. ¡Valora el cuento!

Descarga el cuento en PDF

Buscar