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Las doce princesas bailarinas

Las princesas bailarinas danzan con vestidos de colores en un salón iluminado

El cuento de Las doce princesas bailarinas

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En un reino lejano, en un valle rodeado de montañas boscosas, había un castillo donde vivía el rey Enrique con sus doce hijas. Cada princesa tenía su propio carácter, pero todas compartían una pasión: bailar. Desde Elisenda, la mayor, hasta Eulàlia, la pequeña, podían pasar horas danzando por los salones del palacio.

Los habitantes del reino las admiraban, pero pronto empezó a circular un misterio. Cada mañana, sus zapatos de baile aparecían completamente gastados, como si hubieran bailado toda la noche. ¿Cómo era posible, si permanecían en sus habitaciones bajo la vigilancia de la guardia?

El rey, preocupado y confundido, anunció que quien descubriera el secreto recibiría una gran recompensa y podría llegar a heredar el trono. Según la costumbre de los cuentos antiguos, también ofreció la posibilidad de casarse con una princesa. Quien aceptara el desafío tendría tres noches para resolverlo; si fracasaba, debería marcharse.

Muchos príncipes y caballeros lo intentaron. Todos dormían en una habitación cercana a la de las hermanas, pero al llegar la mañana no sabían nada: cada noche caían en un sueño tan profundo que no podían mantenerse despiertos.

Un día, Arnau, un joven soldado que había resultado herido y ya no podía combatir, decidió probar suerte. De camino al castillo se encontró con una anciana, que le regaló una capa capaz de volverlo invisible y le dio un consejo:

—No bebas el vino que las princesas te ofrezcan esta noche. Cuando empiecen a moverse, ponte la capa y síguelas.

Arnau le dio las gracias y continuó su camino. Al llegar al castillo, el rey le explicó las reglas y le mostró la habitación donde debía pasar la noche.

El pasadizo secreto

Aquella noche, Arnau fingió beber el vino, pero no tragó ni una gota. Después se tumbó y simuló dormir. Cuando las princesas creyeron que estaba profundamente dormido, se levantaron en silencio. Él se puso la capa y las siguió sin ser visto.

Las hermanas tocaron una pared que se abrió para revelar un pasadizo. Una tras otra entraron por él, y Arnau avanzó detrás. El camino desembocaba en un bosque encantado iluminado por la luna llena.

Allí las esperaban doce príncipes. Empezó la música y las princesas bailaron con alegría, sin preocupaciones ni miedo. Arnau comprendió por fin por qué se desgastaban sus zapatos: las danzas duraban hasta el amanecer.

Cuando clareó, las hermanas regresaron al castillo, cansadas pero felices. Ninguna sospechaba que el soldado conocía ya su secreto.

A la mañana siguiente, Arnau explicó al rey todo lo que había visto. Enrique se sorprendió, pero también se sintió aliviado al comprender el misterio. Cumplió su promesa y agradeció la sinceridad del joven.

Arnau había quedado cautivado por Agnès, la tercera hermana, conocida por su inteligencia y su bondad. En esta adaptación, los dos tuvieron tiempo para conocerse y decidieron casarse porque ambos lo deseaban.

La boda se celebró con una gran fiesta. Las princesas pudieron seguir bailando, esta vez sin esconderse. Desde entonces, las noches de baile del castillo estuvieron abiertas a los habitantes del reino.

Así termina este cuento de magia y misterio. Las hermanas descubrieron el valor de la confianza y de hablar con sinceridad, y Arnau encontró un nuevo camino después de las dificultades. Bajo el cielo estrellado, el reino siguió recordando a sus doce princesas bailarinas.

FIN

Categorías: Cuentos clásicos · Cuentos de magia y fantasía · Cuentos para dormir · Cuentos para niños de 8 y 9 años
Temáticas: Cuentos de magia · Cuentos de misterio · Cuentos de princesas · Cuentos sobre el amor

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