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Las dos alas del corazón

Les dues ales del cor

El cuento de Las dos alas del corazón

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En un pueblo tranquilo, rodeado de colinas verdes y calles estrechas, vivía Clàudia, una niña de 9 años con el pelo castaño rizado y una sonrisa que iluminaba incluso los días más nublados. Le gustaban muchas cosas: leer cuentos, jugar con sus amigos y, sobre todo, patinar y bailar.

Cada tarde, después de hacer los deberes, se ponía sus patines azules —sus tesoros más preciados— y recorría la calle como una estrella del hielo. Los vecinos se detenían a mirarla, sonriendo mientras la veían girar y saltar con tanta ligereza que parecía que las ruedas no tocaban el suelo.

Pero los sábados era otra Clàudia. En la academia de baile, se transformaba. Con su vestido rojo y sus zapatillas brillantes, se movía al ritmo de la música como si fuera parte de ella. Su maestra siempre decía: «Clàudia, ¡tienes el baile en la sangre! .

Un día, mientras repasaba el calendario, descubrió algo que le hizo un nudo en el estómago:

—Oh, no… —murmuró.

La Gran Competición de Patinaje y el Festival de Baile Anual coincidían el mismo día, a la misma hora.

—¡No puede ser! —exclamó, con los ojos como platos. He practicado tanto para los dos… ¿Cómo puedo elegir?

Su corazón se encogió. Patinar le hacía sentir libre, como un pájaro. Bailar le hacía sentir fuerte, como una princesa guerrera.

Aquella noche, mientras cenaba, sus padres se dieron cuenta de que algo no iba bien.

—Clàudia, ¿qué te pasa? —preguntó su madre, acariciándole la espalda.

Ella levantó la mirada, con los ojos algo húmedos.

—No sé qué hacer… Me gusta tanto el patinaje como el baile, pero no puedo estar en ambos lugares a la vez. Tengo miedo de decepcionar a alguien… o de decepcionarme a mí misma.

Su padre sonrió tiernamente y le dijo:

—Hija, la vida te hará elegir muchas veces. No se trata de elegir bien o mal… sino de elegir con el corazón y vivir con alegría lo que hayas escogido.

Su madre añadió:

—Y recuerda: no existe una elección perfecta. Lo que importa es qué sientes cuando lo haces.

Clàudia lo pensó durante días. Se imaginó en la pista de patinaje, sintiendo la adrenalina mientras el público llamaba su nombre. Luego, se imaginó en el escenario, moviéndose al compás de la música con sus compañeros.

Por último, la noche antes del evento, lo tuvo claro:

—Iré a la competición de patinaje… pero mañana, cuando acabe, organizaré una pequeña danza en la plaza para celebrarlo con todo el mundo!

La mañana de la competición, su corazón latía fuerte. Cuando escuchó su nombre, respiró hondo y se deslizó hacia la pista. Hizo su coreografía con tanta pasión que los jueces sonrieron. No quedó primera… ni segunda. Fue tercera.

En vez de sentirse decepcionada, sonrió. «He dado lo mejor de mí» , pensó.

Y entonces… cumplió su promesa. En la plaza del pueblo, con sus amigos y familiares mirando, puso música y bailó como nunca lo había hecho. Todos la animaron, y ella sintió una felicidad inmensa.

 

Ese día, entendió que:

  1. Elegir es difícil, pero es mejor que no hacer nada.
  2. No siempre se puede ganar, pero siempre se puede gozar del camino.
  3. Las pasiones no se pierden por elegir una vez: el baile seguía allí, y el patinaje también.

Y así, con el corazón ligero, se durmió pensando: «Mañana… seguiré haciendo lo que me gusta, sin miedo a escoger.»

FIN

Categorías: Audiocuentos · Cuentos educativos · Cuentos para dormir · Cuentos para niños de 6 y 7 años · Cuentos para trabajar las emociones · Cuentos personalizados
Temáticas: Cuentos sobre la aceptación · Cuentos sobre la creatividad · Cuentos sobre la familia · Cuentos sobre las emociones

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