Hace mucho tiempo, cuando las montañas eran salvajes y libres, una familia de pastores vivía con sus siete hijos y un rebaño de ovejas. El padre era ciego, pero sabía orientarse por los sonidos y los aromas de la montaña. Sus hijos confiaban en su sabiduría.
Un día subieron en busca de hierba fresca y llegaron al Pla dels Hospitalets. Allí dejaron pastar a las ovejas. Al cabo de unos días empezaron a caer del cielo unos copos blancos y suaves. Los hermanos nunca habían visto la nieve.
—La nieve cubrirá la hierba y las ovejas se quedarán sin alimento —les explicó el padre—. Bajad hasta encontrar un saúco en flor. Allí estaremos a salvo.
Los siete hermanos emprendieron el descenso con el rebaño. Atravesaron valles, bosques y arroyos. Unos guiaban a las ovejas, otros vigilaban el camino y todos ayudaban a su padre. Durante el viaje aprendieron a trabajar unidos, a escuchar con respeto y a cuidar la naturaleza.
Cuando ya estaban muy cansados, llegaron a un lugar soleado donde la hierba era verde y suave. En medio del paisaje vieron un saúco cubierto de flores blancas. Supieron que habían encontrado su hogar.
Cada hermano construyó una cabaña alrededor del árbol. Con el tiempo llegaron más vecinos y así nació Setcases, un nombre que significa “siete casas” y recuerda aquellas primeras cabañas.
La familia vivió feliz entre las ovejas, las montañas y la gente que se fue uniendo al pueblo. Los siete hermanos contaron siempre su historia para recordar que la familia, la cooperación y el respeto por la naturaleza pueden ayudarnos a encontrar un hogar.


