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El lobo y las siete cabritillas

Una cabra con sus cabritillas junto a una casa en el bosque

El cuento de El lobo y las siete cabritillas

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En un rincón escondido del bosque vivía una madre cabra con sus siete cabritillas. Cada una tenía su propio carácter, pero todas eran alegres, juguetonas y muy unidas. Su madre las cuidaba con cariño y siempre procuraba mantenerlas a salvo.

Antes de salir a pastar, las reunía para recordarles que un lobo astuto rondaba por los alrededores.

—Mantened la puerta cerrada mientras yo no esté —les decía—. Cuando vuelva, cantaré nuestra canción para que sepáis que soy vuestra madre.

Un día, el lobo escuchó aquellas palabras desde su escondite y decidió aprovecharlas. Se acercó a la casa, llamó a la puerta e intentó imitar la canción de la madre. Las cabritillas dudaron, pero la más pequeña pidió comprobar quién estaba al otro lado.

Cuando el visitante enseñó una pata negra, ella exclamó:

—¡Esa no es la pata de mamá! ¡Es el lobo!

Enfadado por el fracaso, el lobo fue al molino y se cubrió las patas de harina. Regresó a la casa, mostró sus patas blancas y volvió a cantar. Las hermanas empezaron a confiar, pero la pequeña quiso oírlo hablar. Aquella voz ronca lo delató de nuevo.

El lobo ideó otro plan. Fue a una posada y comió huevos hasta que, en este cuento, consiguió suavizar su voz. Después regresó con las patas todavía enharinadas y cantó con una voz mucho más fina.

Esta vez las cabritillas le creyeron y abrieron. El lobo entró de golpe y se las tragó una tras otra, excepto a la menor, que logró esconderse detrás del reloj. Cuando el lobo se marchó, la casa quedó en silencio y ella permaneció temblando en su escondite.

El ingenio de la madre cabra

Al regresar, la madre cantó su canción y entró en la casa. Se asustó al encontrar todo revuelto. La pequeña salió llorando y le explicó lo ocurrido. Madre e hija decidieron actuar enseguida para rescatar a las demás.

Cogieron una cesta y un costurero y fueron hacia el río, donde el lobo acostumbraba a descansar después de comer. Por el camino recogieron piedras hasta llenar la cesta. Lo encontraron profundamente dormido bajo un árbol.

Con mucho cuidado, la madre abrió la barriga del lobo. Una a una salieron sus hijas, asustadas pero ilesas, como sucede en los cuentos. Luego sustituyó su peso por las piedras y volvió a coser la barriga sin despertarlo. Todas se escondieron y esperaron.

Cuando el lobo despertó, sintió una sed enorme y un peso extraño. Se acercó al río para beber, se inclinó demasiado y las piedras lo arrastraron al agua. El lobo se hundió y ya no pudo hacerles daño.

La madre y sus siete hijas regresaron a casa, limpiaron y ordenaron todo y se abrazaron aliviadas. Habían pasado un gran susto y, desde entonces, fueron todavía más cuidadosas al abrir la puerta.

Así termina este cuento clásico, en el que el cariño y el ingenio ayudan a vencer al peligro. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

FIN

Categorías: Audiocuentos · Cuentos clásicos · Cuentos de animales · Cuentos para dormir · Cuentos para niños de 2 y 3 años · Cuentos para niños de 4 y 5 años
Temáticas: Cuentos de cabras · Cuentos de lobos · Cuentos sobre el aprendizaje · Cuentos sobre la bondad · Cuentos sobre la valentía

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