|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Érase una vez un niño pequeño llamado Kai. Kai tenía tres años y le encantaba descubrir cosas nuevas todos los días.
Una mañana soleada, la madre de Kai le dijo:
—¡Hoy iremos a la playa!
Los ojos de Kai se hicieron muy grandes y brillantes. ¡Estaba muy contento! Se puso su sombrero, las chancletas y cogió su cubo y la pala.
Cuando llegaron a la playa, Kai sintió la arena bajo los pies. ¡Era suave y caliente! Se rió y empezó a correr despacito hacia el mar.
—¡Mira, mamá! ¡Agua! —dijo todo emocionado.
Las olas hacían “chof, chof” y le hacían cosquillas en los pies. Kai se reía cada vez que el agua iba y venía.
Después, se sentó en la arena y empezó a hacer un castillo. Llenaba su cubo de arena y le daba la vuelta con mucho cuidado.
—¡Es mi castillo! —decía orgulloso.
También encontró conchas pequeñas y hermosas. Algunas eran blancas, otras rosadas. Las guardaba como un tesoro.
Cuando el sol empezó a bajar, Kai estaba algo cansado, pero muy feliz. Había estado un día lleno de aventuras.
De camino a casa, dijo con una sonrisa:
—¿Mañana volvemos a la playa?
Y, mientras cerraba los ojos, soñaba con olas, castillos de arena y conchas brillantes.


