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El partido más importante

El partit més important - Conte de basquet

El cuento de El partido más importante

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Blai tenía 10 años y lo que más le gustaba en el mundo era jugar a baloncesto. No había día en que no tomara el balón, aunque fuera sólo cinco minutos, para dar cuatro botes y algún tiro en la canasta del patio. El sonido de la pelota contra el suelo —toque, toque, toque— le parecía el mejor sonido del mundo.

Jugaba en el equipo de la escuela. Era rápido y tenía buena puntería, pero a veces se emocionaba demasiado. Cuando le pasaban el balón, casi siempre intentaba encestar él, aunque tuviera un compañero mejor colocado.

Un martes en el entrenamiento, mientras jugaban un partido de práctica, Blai hizo tres tiros seguidos… y los falló todos. Marc, que estaba solo bajo canasta, levantó un poco los brazos, pero ya era tarde. El entrenador pitó y detuvo el juego.

—Blai —dijo con voz tranquila—, sé que quieres ayudar al equipo. Pero ayudar no siempre significa tirar.

Blai notó cómo se le calentaban las mejillas. No le gustaba equivocarse, y mucho menos delante de todos. Asintió sin decir nada.

El sábado siguiente tenían un partido importante. En la grada había familias, amigos y maestros. Blai estaba nervioso. Cuando empezó el partido, todo iba muy rápido. El marcador estaba muy ajustado y cada cesta contaba.

Faltaba menos de un minuto e iban empatados. Blai recibió el balón en el centro de la pista. Un defensor alto le marcaba de cerca. Podía intentar un disparo complicado. Oyó esa prisa de siempre, esa vocecita que decía: “¡Tira ahora!”

Pero entonces levantó la cabeza.

Vio a Laia desmarcada cerca de la línea de tiro libre. Estaba sola.

Durante un segundo, el tiempo pareció detenerse. Si fallaba el pase, quizá perderían la oportunidad. Si tiraba y fallaba, también.

Respiró hondo.

—Vamos —murmuró.

Y pasó la pelota.

Laia la cogió con decisión y lanzó. La pelota dio un bote suave contra el tablero… y entró.

Cesta.

El público estalló de alegría. Sus compañeros corrieron a abrazarla, y después rodearon a Blai.

—¡Buen pase! —le dijo Marc sonriendo.

Blai no había hecho el último disparo, pero se sentía más contento que nunca. Había tomado la decisión correcta. Había jugado para el equipo.

Cuando el árbitro pitó el final del partido, celebraron la victoria todos juntos, riendo y saltando en medio de la pista.

Aquella tarde, mientras volvía a casa con la pelota bajo el brazo, Blai pensaba que había aprendido algo importante. Ser un buen jugador no es sólo saber botar rápidamente o encestar desde lejos. Es saber mirar a tu lado, confiar en los demás y entender que juntos siempre se llega más lejos.

Dejó el balón en el suelo y lo hizo botar una vez más.

Toque.

Y sonrió. Porque sabía que aquél había sido, de verdad, su mejor partido.

FIN

Categorías: Audiocuentos · Cuentos cortos · Cuentos educativos · Cuentos para niños de 6 y 7 años · Cuentos para trabajar las emociones · Cuentos personalizados
Temáticas: Cuentos de superación · Cuentos sobre el aprendizaje · Cuentos sobre el esfuerzo · Cuentos sobre el trabajo en equipo · Cuentos sobre la colaboración · Cuentos sobre la confianza · Cuentos sobre la cooperación · Cuentos sobre la responsabilidad

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