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En un tranquilo pueblo rural, rodeado de campos verdes y bosques, había una granja donde vivía la señora Pata. Era una pata elegante y orgullosa, conocida por criar a los patitos más bonitos del corral.
Cada verano incubaba sus huevos con gran ilusión. Los demás patos esperaban impacientes a los pequeños, seguros de que serían tan bonitos como siempre.
Por fin llegó el gran momento. Los huevos se abrieron uno a uno y asomaron los primeros patitos. Todos estaban encantados, hasta que observaron que el huevo más grande aún seguía cerrado.
Se reunieron a su alrededor para buscar alguna señal de movimiento. Cuando finalmente se rompió, apareció un polluelo diferente: era más grande y desgarbado que sus hermanos. Los demás, sin conocerlo, lo llamaron feo.
La señora Pata se sintió confundida y no supo tratar aquella diferencia con cariño. Lo apartó con el pico y dedicó su atención a los otros seis patitos.
El pequeño notó el rechazo y se sintió triste y solo. Se alejó de la granja buscando un lugar donde lo aceptaran tal como era.
Pasaron los días y continuó su viaje. Tuvo que buscar comida en lugares desconocidos y protegerse de los animales que lo acechaban. El camino estuvo lleno de dificultades.
Una noche de invierno, cuando ya se creía perdido, llegó a un estanque parcialmente helado. Cerca de una zona de agua libre descansaban unos cisnes majestuosos. Aunque se sentía inseguro, se acercó con cuidado y preguntó si podía nadar junto a ellos.
Los cisnes lo recibieron amablemente. Le dijeron que era bienvenido y que podía quedarse. Emocionado, entró en el agua y contempló su reflejo por primera vez en mucho tiempo.
¡Qué sorpresa! El polluelo había crecido y su plumaje estaba cambiando. Con el paso de las semanas descubrió que se había convertido en un hermoso cisne, igual que sus nuevos compañeros.
Ellos le explicaron que siempre había sido un cisne, aunque hubiera nacido entre patos. Por fin encontró un lugar donde sentirse acogido. Comprendió también que su valor nunca había dependido de su aspecto ni de lo que otros dijeran de él.
Dejó atrás la soledad y comenzó una nueva vida entre amigos, con confianza en sí mismo y la alegría de sentirse parte del grupo.


