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Saul tenía seis años y cada mañana iba a la escuela con una gran sonrisa y la mochila llena de ilusión. Pero había algo que le daba miedo: a veces, los demás niños no entendían cómo él hacía las cosas, y eso le hacía sentir un poco solo.
Un día, su maestra, Laia, propuso un proyecto muy especial. Los niños tenían que construir una torre gigante con bloques de colores, pero había un reto: cada niño trabajaba a su manera, y si querían que la torre no cayera, tenían que colaborar y escucharse unos a otros.
Saul se emocionó, pero también se sentía nervioso. No sabía si conseguiría trabajar con los demás sin sentirse confundido o abrumado. Cuando se reunió con su grupo, vio que sus compañeros eran muy diferentes: algunos pensaban muy rápidamente y tenían nuevas ideas, otros preferían observar antes de actuar, y a otros les encantaba probar cosas extrañas sólo para ver qué pasaba. Saul hacía las cosas a su manera, con calma y concentración.
Al principio, empezaron a discutir. Algunos querían poner muchos bloques de golpe, mientras Saul pensaba que era mejor colocarlos uno a uno. Quería gritar, pero respiró hondo e intentó explicar con gestos y palabras cómo él creía que se podía hacer la torre. Sus compañeros le miraron con atención y, poco a poco, comprendieron que sus ideas funcionaban.
Todo el mundo empezó a combinar sus habilidades. Las ideas creativas se mezclaban con la calma y la concentración de Saul, la observación servía para asegurar que la torre fuera estable, y la curiosidad hacía que probaran formas divertidas. Cuando la torre llegó al techo del aula, todos aplaudieron y se rieron juntos. Saul sintió una alegría muy grande: formaba parte del grupo, y sus habilidades eran importantes.
La maestra les explicó que cuando escuchamos y ayudamos a los demás, cada forma de hacer es valiosa. Todos son distintos, pero todos pueden aportar algo especial. En ese momento, Saul sonrió como nunca. Entendió que ser diferente no es un problema, sino algo que hace que el mundo sea más interesante y lleno de colores.
Y desde ese día, cada vez que se encontraba con un reto con sus amigos, Saul sabía que si trabajaban juntos y se escuchaban, podían conseguir cualquier cosa.


